Keirin Japonés

El gran desconocido

La competición de ciclismo en pista del Keirin, se conoce por ser la prueba en la que una moto lanza a los corredores antes de un poderoso sprint, es una prueba que se incluyó por primera vez en el programa olímpico por su gran espectacularidad en los Juegos Olímpicos de Sidney. Considero que es una de las pruebas más difíciles ya que se requiere no solo de ser muy veloz y potente, también se necesita no cometer ningún error táctico, tener la capacidad de tomar decisiones en décimas de segundo y una pequeña dosis de “locura”.

Pero hoy vamos a hablar de uno muy diferente, el Keirin profesional japonés. Es mucho más antiguo, no se rige por las normas de la Unión Ciclista Internacional, se mueven enormes cantidades de dinero en apuestas y durante una determinada época del año invitan a los mejores corredores internaciones de Keirin a disputar el Japan International Keirin, donde los corredores occidentales entran a formar parte de la liga de Keirin profesional, en la cual estuve invitado durante 3 años seguidos (2005-2006-2007).

El Keirin se originó en Japón, poco después de la segunda guerra mundial. Allí hablar de ciclismo es hablar de Keirin, ni ciclismo en ruta, pista o cualquier otra modalidad. Para poder ser corredor de Keirin en Japón es necesario pasar previamente por la escuela de Keirin donde preparan a los aspirantes a todos los niveles, con métodos casi militares durante cerca de un año para finalmente obtener la licencia de corredor de Keirin profesional.

Una vez se llega a ser profesional, el funcionamiento del sistema de las competiciones también difiere bastante de lo habitual. Para empezar la estética es totalmente diferente: se entra y se sale de los velódromos vestido de traje y corbata. Una vez dentro del recinto, no se puede salir en los 4 días de competición. Cada velódromo dispone de habitaciones, comedor, saunas, piscinas de agua caliente y fría para recuperarse de las competiciones, etc.

Durante esos 4 días no se puede tener contacto con el exterior, y antes de entrar en el recinto se entregan los teléfonos, ordenadores y demás. El motivo de ello es que el Keirin allí es más un sistema de apuestas que un deporte, moviéndose alrededor de 5.000 millones de dólares al año.

En Japón existen más de 40 velódromos homologados para este tipo de competiciones, aunque hay muchos más por todo el país, con una capacidad de hasta 30.000 espectadores, mucho más que en el resto del mundo, y a lo largo de la temporada acogen a más de 5 millones de personas. Los apostantes normalmente se encuentran en otra parte, consultando los resultados de todas las competiciones que se disputan ese mismo día.

Las bicicletas que se usan allí son muy diferentes al resto del mundo, usando una tecnología mucho más primitiva. Las bicis se construyen con cuadro y manillar de acero, ruedas de radios, y no con tubulares finos exactamente; pedales con rastrales como antiguamente (los pedales automáticos están prohibidos). Una bici actual del Keirin en Japón se podría confundir perfectamente con una de casi medio siglo.

El guía que lanza a los corredores, en lugar de usar una moto es otro ciclista, normalmente un corredor de Keirin que ese día no compita, y en vez de 6 o 7 corredores que es lo habitual, en Japón siempre son 9 con velódromos mucho más grandes, normalmente de 333,333 m o 400 m (también hay algunos de 500m), todo eso hace que el tipo de competición y la forma de competir sea totalmente diferente a la que estamos acostumbrados.

El día antes de una competición el corredor anuncia a los medios de comunicación qué táctica va a utilizar con toda la información, para que los apostantes puedan hacer sus apuestas: cuándo se iniciará el sprint, posición en la que se va a salir, engranaje a utilizar…, todo. Si llueve se compite igualmente, cobrando incluso más como plus de peligrosidad. Y os puedo asegurar que no es muy apetecible correr un Keirin con lluvia o con la pista mojada rodeado de “samurais” llenos de cicatrices dándote cabezazos por todos lados.

La estética también es un tanto singular. Cada corredor lleva un color y un número para que sea fácil de identificar para los apostantes, muy parecido a la ropa que se lleva en las carreras de caballos. Entre eso y las bicicletas que la normativa obliga a llevar, es todo bastante raro y muy diferente a lo que estamos acostumbrados, obligándote a aprender a competir de nuevo

En mi primer año yo llegaba como subcampeón olímpico y mundial de Keirin, allí coincidí con Chris Hoy, que llegaba como campeón olímpico del km y ambos pensábamos que no íbamos a tener rivales contra los nipones. ¡Qué equivocados estábamos! En las primeras competiciones, recién salidos de la Escuela de Keirin, nos dieron palos por todos lados y durante un calentamiento pensaba: ¿cómo es posible que no sea capaz de ganarles?, y le dije a Chris: “es que me siento como si fuera un juvenil, como si todo lo que he aprendido hasta ahora no sirviera de nada y tuviera que aprender de nuevo a competir”. Me tranquilizó cuando el me respondió que estaba pensando lo mismo, y a partir de ahí los resultados empezaron a mejorar poco a poco hasta el punto de que en mi segundo año, hasta la última competición donde tuve una grave caida, iba el primero de todos los internacionales.

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